Neurología

Resonancia Magnética, líquido cefalorraquídeo y la Esclerosis Múltiple

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Por el Dr. Alfredo Antigüedad, jefe del servicio de neurología del Hospital Universitario de Basurto Los estudios mediante resonancia magnética nuclear (RMN) nos permite tener una visión con precisión anatómica […]

Por el Dr. Alfredo Antigüedad, jefe del servicio de neurología del Hospital Universitario de Basurto

Los estudios mediante resonancia magnética nuclear (RMN) nos permite tener una visión con precisión anatómica del cerebro y de la medula espinal, y además nos permiten caracterizar la naturaleza de las lesiones patológicas.

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Las imágenes se obtienen sometiendo al paciente a diferentes campos magnéticos.

La utilización de diferentes secuencias de intensidad y duración de estos campos magnéticos nos permite ver la misma realidad de diferente manera, a semejanza de lo que ocurre en fotografía cuando ponemos diferentes filtros delante del objetivo. La RMN es una exploración que no utiliza radiaciones ionizantes (como las radiografías o los TAC) cuya utilización excesiva podría ser perjudicial.

La realización periódica de RMN no conlleva por ello ningún riesgo importante para la salud. La primera imagen por RMN del cerebro de un paciente con EM se publicó en 1983. Parece que fue hace mucho tiempo, pero en estos apenas 32 años la utilización de la RMN en investigación ha sido una herramienta decisiva para avanzar en el conocimiento de esta enfermedad y su control efectivo; y hoy en día es un prueba complementaria rutinaria en la práctica clínica.

La RMN es una exploración imprescindible en el diagnóstico de la EM. No solamente nos permite descartar otras enfermedades, sino que nos muestra las placas de EM y nos puede indicar si son recientes o antiguas. En la actualidad, gracias la RMN se puede establecer en mucha ocasiones el diagnóstico de EM en el momento del primer brote, algo que era imposible hace apenas unos años.

Cuando los neurólogos en la consulta solicitamos de manera periódica una RMN de cráneo buscamos identificar si han surgido o no nuevas placas de EM. Cuando una de estas lesiones aparece en una zona del cerebro con expresión clínica da lugar a un brote; en caso contrario esta nueva lesión pasa desapercibida para el afectado puesto que no provoca ningún síntoma. Sin embargo, resulta obvio que la aparición de una nueva placa, produzca o no síntomas, refleja que la enfermedad sigue en actividad.

Técnicas experimentales

Existen otras técnicas de RMN que se utilizan de manera experimental, como por ejemplo la medición del volumen cerebral, y valorar si existe o no atrofia.

Sin embargo, la utilidad práctica de esta técnica de RMN no está bien establecida y además, hoy por hoy, no se pueden realizar de manera habitual en la práctica clínica por limitación técnicas inherentes a los equipos y su software.

En 1942 se descubrió que en el líquido cefalorraquídeo (LCR) de los afectados de EM existían datos de una actividad inmunológica acantonada en el cerebro y medula espinal. Este hecho traduce de manera indiscutible la naturaleza inmunomediada de la EM.

En la actualidad para el diagnóstico de la EM suele realizarse una punción lumbar para extraer LCR donde, entre otros análisis, se busca de manera rutinaria la presencia de bandas oligoclonales(BO) de inmunoglobulinas (Ig).

La determinación de BO es, en la actualidad, el método más preciso para demostrar esta actividad inmunológica acantonada. Las bandas oligoclonales de IgG están presentes en más del 95% de los afectados de EM; o dicho de otra manera, cuando no las encontramos tenemos que replantearnos el diagnóstico de EM. En los últimos años también realizamos la determinación de bandas oligoclonales de IgM, que se encuentran en alrededor del 30% de los afectados. La presencia o no de bandas oligoclonales del IgM no tiene ninguna utilidad diagnóstica, aunque podría tener una relación con el pronóstico; en nuestra experiencia esta relación ‘IgM-pronóstico’ es, sin embargo, muy débil.

En resumen, los avances en las exploraciones complementarias como la RMN o el estudio del LCR han permitido en los últimos 30 años profundizar en el conocimiento de la EM, y en la actualidad son herramientas rutinarias y fundamentales para un diagnóstico más temprano y un seguimiento más preciso de la evolución de la enfermedad.

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