Salud General

Podemos y debemos controlar nuestros pensamientos

Publicado por EM Euskadi | | Visto 1274 veces

Por el Dr. Santiago Otaduy. Especialista en Medicina Interna Una gran cantidad de hombres y mujeres son incapaces de controlar sus pensamientos. No pueden dejar de preocuparse por asuntos en los […]

Por el Dr. Santiago Otaduy. Especialista en Medicina Interna

Una gran cantidad de hombres y mujeres son incapaces de controlar sus pensamientos. No pueden dejar de preocuparse por asuntos en los que no pueden hacer nada. Se llevan los problemas del trabajo a la cama y durante la noche, cuando deberían recuperar fuerzas con el sueño, no paran de dar vueltas en la cabeza a esos problemas. El día siguiente, al no haber dormido lo suficiente, tienen la cabeza embotada, están de mal humor y se enfadan ante la primera dificultad que se les presenta.

fatiga

El cansancio más importante es el emocional. El cansancio físico producido por el esfuerzo y el cansancio intelectual, por haber estado haciendo cálculos todo el día, se quitan durmiendo. La queja de insomnio por exceso de trabajo no es real. Las causas de ese insomnio son la ansiedad y la angustia emocional que impiden dormir bien. El trabajo tiene ocupados los nervios y cuando se deja de trabajar, si no hay un equilibrio emocional, los nervios, al estar desocupados se encabritan. Por eso muchos buscan el remedio en seguir trabajando los fines de semana. El trabajo se convierte en un refugio donde guarecerse del desequilibrio emocional. No mejoran su situación emocional pero, por lo menos no tienen esos bajones de fin de semana. Llevan un mal vivir soportable y además pueden decir que tienen tanto trabajo que no les da tiempo ocuparse de los mismos ni de su familia. Tiempo que no quieren tener por nada del mundo.

Cuando se encuentran agobiados por pensamientos desagradables y recurrentes, se quejan de lo mucho que eso les hace sufrir y de que no pueden evitarlo. Los pensamientos no vienen del cielo, vienen de uno mismo, de su subconsciente. En el subconsciente tenemos una serie de pensamientos con mucha carga emocional, que en un momento anterior han pertenecido a la parte consciente. Después se archivaron en lo más profundo del cerebro. Las pesadillas de la noche se quitan por la mañana, pero no del día siguiente sino del día anterior. Si no se afrontan los problemas y se esconden en el cerebro, tarde o temprano, aparecerán. Es muy habitual oír: ¡Qué suerte ha tenido Fulano! Mientras dormía ha descubierto tal cosa. Se despertó, lo apuntó en un papel y se ha hecho famoso. Suerte cero, trabajo todo. Fulano ha pensado y trabajado con intensidad en ese tema, poniendo todo de su parte durante mucho tiempo y ha dejado grabada una orden en su subconsciente para que siga trabajando en la resolución del problema. Y la gente se pregunta: ¿Cómo se da esa orden, quién lo sabe? Muy fácil. Exactamente igual que cuando se da la orden para que luego vengan los malos recuerdos. Si uno es capaz de ordenar que se guarden y luego aparezcan, también lo puede hacer para algo provechoso.Un ejemplo de trabajo del subconsciente que hemos experimentado todos. Uno se dispone a contar una anécdota curiosa que le contado esa mañana con un amigo al que no veía hace 20 años. Quiere decir el nombre del amigo, pero no le sale en ese momento.

Cuenta la anécdota, se olvida del tema y a la de unos días, de repente, suelta: Juan Regúlez. Ese nombre no le ha venido del cielo, ya lo sabía, aunque no se acordaba. Ha sido el subconsciente el que ha trabajado buscándolo, lo ha encontrado y lo ha transmitido al consciente. Esto lo hacemos todos y en cosas tan poco importantes, como en ese ejemplo. Lo podemos hacer también con las cosas importantes, sin necesidad de perder el sueño nocturno. Nos buscamos preocupaciones y tensiones de la manera más gratuita.

Decía Quevedo: Cuantas más veces se asoma la madre a la ventana, antes llega el hijo a casa. Sabiendo desde hace siglos que no debemos actuar así, ¿por qué lo seguimos haciendo hoy? ¿Por qué la madre se asoma a la ventana a las dos menos cuarto, para ver si viene el hijo, si ha quedado con él que esté en casa a las dos? Cuantas más veces se asome, más nerviosa se pondrá. Y si el hijo llega a las dos y cinco, la bronca será mayúscula. Bronca que no hubiera ocurido si la madre hubiera estado entretenida haciendo sus cosas, sin mirar el reloj. ¿Quién le ha dado el disgusto a la madre, sino ella misma?

Estamos en la cola de una ventanilla y hay cinco personas delante. La cola no irá más deprisa si nos ponemos nerviosos. Si mientras esperamos leemos algo, la cola no irá más lenta. Y después de hecha la gestión, ¿quién estará de mejor humor, el que sufría por la espera o el que leía el periódico? No vale por excusa el temperamento. Uno mismo es el que debe aprender a comportarse teniendo en cuenta su temperamento. Que piense si puede hacer algo en esa situación para mejorarla y si ve que no puede, tomarlo con paciencia para no enojarse. Si estamos esperando una decisión ajena, que va a ser mala o muy mala y que no podemos evitar, lo más sensato es pensar que va ocurir lo peor y prepararse para actuar en consecuencia. Si sucede eso estaremos preparados y si no sale eso, nos llevaremos una alegría.

La preocupación es una de las muchas formas del miedo y el miedo produce tensión muscular, taquicardia, en resumen, cansancio. Cuando nos vienen ideas que nos preocupan procuramos evitarlas pensando en algo distinto, lo que es un error. Le damos una importancia exagerada y una carga emocional. Va a quedarse grabado en nuestro subconsciente y volverá a salir, seguro. Decir que no se pueden evitar esos pensamientos, “que vienen sin que yo lo quiera” no es verdad. Somos los creadores de nuestros pensamientos, nadie nos los mete en la cabeza. Si no quieres que aparezcan no los guardes. No busques remedios rápidos y milagrosos para el olvido, como el alcohol y las drogas. No se destruye así el mal pensamiento sino que se destruye la capacidad de afrontarlo.
Ten cuidado con tus pensamientos, se volverán palabras. Ten cuidado con tus palabras, se volverán actos. Ten cuidado con tus actos, se volverán costumbres. Ten cuidado con tus costumbres, harán tu carácter..

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