Neurología

Alteraciones de la función sexual y la Esclerosis Múltiple

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Junio de 2005 Por el Dr. Javier Olascoaga La disfunción sexual es un síntoma más frecuente de lo que históricamente se pensaba en pacientes con Esclerosis Múltiple (EM). El extraño […]

Junio de 2005
Por el Dr. Javier Olascoaga

La disfunción sexual es un síntoma más frecuente de lo que históricamente se pensaba en pacientes con Esclerosis Múltiple (EM). El extraño pudor existente durante años, tanto por parte del paciente como de los propios profesionales, ocultó durante décadas los problemas referentes a este tema. Aún hoy en día, incluso en casos de empatía entre médico y paciente, es un apartado en el que cuesta entrar. Es evidente que para muchos pacientes es más fácil abordar este tipo de problemas con profesionales del mismo sexo.

La disfunción eréctil es la patología más frecuente entre los varones y oscila entre un 60%-70% de los casos, mientras que, según resultados de distintas series, prácticamente una de cada dos mujeres con EM manifestaron algún tipo de disfunción sexual.

En los pacientes con EM, las lesiones que producen trastornos de la actividad sexual pueden situarse, a nivel cerebral, en el eje hipotálamo-hipofisario –centro superior de producción de hormonas sexuales– o, a nivel medular, en los centros dorso-lumbares –sistema nervioso simpático– y, sobre todo, sacros –sistema nervioso

parasimpático–. A partir de todos estos centros salen nervios motores para inervar el pene y el clítoris en cada uno de los sexos. Lesiones en estos centros o en las vías sensitivas medulares, que llevan las sensaciones del placer genital al cerebro, producen distintos síntomas en el área sexual.

En el hombre el síntoma más frecuente (20%-65% según distintas series) es la disfunción eréctil o dificultad para iniciar o mantener la erección. Otros problemas que pueden aparecer son la disminución de la apetencia sexual, los trastornos de la fase eyaculatoria con disminución del volumen seminal o la eyaculación retrógrada, y la falta o disminución del orgasmo.

Las quejas más frecuentes en la mujer son la disminución de la libido junto a una escasa lubricación vaginal, la dificultad para el orgasmo y los trastornos de la sensibilidad genital.

Para abordar el tratamiento de estos problemas, además de descartar otras causas (problemas urinarios, problemas intestinales, espasticidad, fatiga, alteraciones del sistema endocrino y enfermedades hepáticas), se debe profundizar en los trastornos psicológicos derivados de la propia enfermedad y en la acción de fármacos tales como antidepresivos, ansiolíticos u otros, que pueden afectar a la función sexual. Una higiene sexual adecuada, junto al aprendizaje de técnicas de estimulación, con ayuda de sexólogos y psicoterapeutas, beneficiarán los trastornos de la libido.

En el momento actual, en los varones, la disfunción eréctil ha dejado de ser un problema de dudosa solución terapéutica. La efectividad y facilidad de administración, por vía oral, de los modernos fármacos Sildenafilo (Viagra), Vardenafilo (Levitra) y Taladafilo (Cialis) ha supuesto un gran avance en la mejora de este trastorno. Sin embargo, aunque escasos, estos medicamentos tienen efectos secundarios y siempre se deben tomar bajo prescripción y control médico. La aparición de los citados fármacos ha sido la causa de que otros productos como la Yohimbina oral, algunos métodos mecánicos como los aparatos de constricción-succión de vacío peneanos, las inyecciones intracavernosas en el pene o las prótesis peneanas apenas se utilicen.

Los problemas de sequedad vaginal en la mujer se tratan con la administración de cremas lubrificantes tópicas. El tratamiento sustitutivo con estrógenos sólo es efectivo en casos de disminución de la producción de estrógenos, pero si el problema de lubricación se debe a una excitación insuficiente el tratamiento hormonal no es adecuado. En cualquier caso, se debe incidir en la importancia de que el paciente exponga sus dudas a su neurólogo habitual ante cualquier síntoma de la función sexual. Solo así podremos evitar, a la mayor brevedad posible, bien de modo directo o mediante la ayuda de otros profesionales –urólogos, ginecólogos, sexólogos o psicoterapeutas–, el desarrollo de síntomas que pueden afectar no sólo a la esfera sexual sino también a la psíquica. A buen seguro, un tratamiento precoz redundará en la calidad de vida del paciente.

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