Testimonios

Aceptar el diagnóstico

Publicado por EM Euskadi | | Visto 918 veces

Anónimo, una afectada de EM Quiero que este testimonio sea una expresión de Ánimo, Motivación y sobre todo de Esperanza para todas aquellas personas, que debido a la Esclerosis Múltiple, […]

Anónimo, una afectada de EM

Quiero que este testimonio sea una expresión de Ánimo, Motivación y sobre todo de Esperanza para todas aquellas personas, que debido a la Esclerosis Múltiple, la han perdido. Para mí también hubo un momento en que perdí esa esperanza, pero ahora he vuelto a encontrarla. Vuelvo a tener esperanza en la vida, (vida que dejé aparcada) esperanza en el futuro, en la amistad, en el amor…

Mi familia, al igual que la de todos los enfermos se derrumbó conmigo al ver que yo no quería saber nada de la vida, porque no esperaba ya nada de ella, pero ellos fueron más fuertes y afrontaron la enfermedad por mí, por su amor hacia mí. Nunca creí que acabaría aceptándola. Esa esperanza la he encontrado en ADEMBI, en las personas que allí trabajan.

Quiero animar a las personas que aún no han pasado por la Asociación, para que no duden ni un momento en hacerlo. Sé que los sentimientos de miedo e incertidumbre sobre lo que les puede deparar la enfermedad, lo que puedan encontrar en la Asociación, se les pasa por la cabeza y lo sé porque yo los tuve pero fui y creo que ha sido lo mejor que he podido hacer y debería haberlo hecho antes. Allí podemos encontrar ayuda física y psicológica, una bolsa de trabajo y además organizan actividades como excursiones, charlas sobre distintos temas que a todos nos interesan, etc. Todo ello nos ayuda a salir de nuestra “burbuja” y seguir adelante.

Mi historia con la enfermedad, que será como la mayoría de vosotros, comenzó cuando tenía 20 años. Tuve una parálisis en el ojo derecho provocándome visión doble que en veinte días, al igual que vino, se fue. En aquel momento no supieron que me pasaba y aunque era uno de los síntomas más frecuentes de la enfermedad, las pruebas eran normales. Pasaron cinco años sin tener ningún brote aparente, pero “ella” seguía allí escondida. Un día volvió a llamar a mi puerta para decirme quien era y decirme su nombre: se llamaba Esclerosis Múltiple.

Mis padres decidieron buscar una asociación donde les pudieran informar y ayudar a superar este golpe. Y lo encontraron. Mi padre fue el que primero se apuntó porque yo no quería ir. Me afectó de tal manera que abandoné mis estudios, toda mi vida.

Después de tres años de constantes brotes, depresiones y súplicas por parte de mis padres y de mi hermana, los cuales me veían día tras día llorando y sin ganas de vivir, decidí apuntarme y recibir la ayuda que me ofrecían. Recibí ayuda psicológica para poder aceptar la enfermedad y acabé aceptándola. Terminé mis estudios, hice cursos y me apunté como voluntaria en la Asociación.

Ahora llevo un año en tratamiento con Interferón y hasta el momento solo he tenido un brote, cuando antes me daban cada mes. Cada vez que quiero contar como me encuentro ya sea física o anímicamente voy a ADEMBI, allí me escuchan, me entienden y me ayudan a seguir adelante, gracias a sus ánimos y a su comprensión.

Al igual que Dios, al que algunas veces queremos por las cosas que nos da y otras veces odiamos por las que nos quita, yo he odiado al principio a esta enfermedad por quitarme la salud, esa salud que siempre cuidé. Pero también le doy las “gracias”.

Si, gracias a ella he conocido gente maravillosa, comprensiva, con ganas de ayudarme, con ganas de ofrecerme una nueva forma de ver la vida y de disfrutarla, sin tener que dar ninguna explicación porque ellos ya lo saben.

Quiero agradecer en primer lugar a mis padres y a mi hermana el haberme “arrastrado” a ADEMBI porque sino hubiese sido por ellos, quién sabe donde estaría ahora. A la Dra. Mendibe, por su profesionalidad pero sobre todo por su humanidad.

A todas las PERSONAS de ADEMBI, a Arrate, la psicóloga, por hacerme ver que tenía toda una vida por delante, a Begoña, la presidenta, por tener siempre aunque se encuentre mal, una sonrisa en los labios. A Pedro, a Marta, “mi celestina”, por su trabajo, simpatía y amabilidad. Y gracias a mi Amor que con su cariño, comprensión, ánimos y esperanza me ha hecho volver a tener ganas de vivir. A todos ellos GRACIAS por sus ganas de seguir luchando.

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